Leo Ciencia-Ficción. Sí, ¿Por qué no?

Y todo empezó porque…

¿Cómo no ibas a ver la película “El Imperio Contraataca” con semejante cartel a la entrada del cine?

¿Cómo no ibas a ver la película “El Imperio Contraataca” con semejante cartel a la entrada del cine?

No sé por dónde me vino la cosa. Debió de ser que me quedé fascinado después de ver en el cine con mi padre “El Imperio Contra-ataca” de Star Wars (que antes llamábamos “Guerra de las Galaxias”). O de seguir “Érase una vez… El Espacio” en casa de mis abuelos semana a semana. El impacto visual y narrativo de viajeros estelares y otros sistemas planetarios habitables creaban en mí el deseo de que me contaran más historias similares a esas.

Ya por esa época, cada vez que mi padre me decía que si me compraba un libro, le decía que fuera de historias de “navecitas espaciales” y aventuras. Aunque de niño leía todo lo que se me pusiera por delante y con la costumbre de leer todas las noches antes de dormir, eran las historias de ciencia ficción las que más me gustaban.

Cuando descubrí ese gran lugar que eran las bibliotecas públicas, mi deseo de leer este tipo de historias iba a ser recompensado con creces. Cada dos semanas caían en mis manos un par libros. Algunos eran comics, novelas ilustradas, o libros con algún dibujo. Gracias a algunos bibliotecarios, conseguí que me los prestaran fuera del sistema de préstamos. Me llevaba el libro a leer a casa antes de que el bibliotecario registrara el libro en el sistema de archivos. Muchas veces después de las actividades extra-escolares, me “escapaba” a la biblioteca para leer ávidamente. En esa época releía una y otra vez Blake y Mortimer y Valerian Agente Espacio-Temporal. La biblioteca se convirtió en mi refugio para seguir las historias más increíbles, jamás imaginadas por un niño.

Portada del libro “La Marca Amarilla” de la serie Blake y Mortimer sobre una medianería de un edificio en Bruselas.

Un día de verano estando con mi madre en unos grandes almacenes, me quedé como otras tantas veces en la zona de librería, mientras ella estaba en otra parte comprando sus cosas. Concretamente me recorría las estanterías de libros de ciencia ficción para repasar los lineales de libros en busca de esa historia fascinante con la intención de que el libro fuera mío, siempre disponible para leer. Contrariamente a lo que me pasaba con los libros de la biblioteca. Después de un rato mirando y mirando encontré un libro, que después releí muchas veces: El día del viento estelar de Douglas Hill. “¡Con esto me lo voy a pasar pipa! Me dije una vez leída la sinopsis. “Además son más de 100 páginas… ¡Tengo para leer un rato largo largo!”. Lo pasé muy bien leyéndolo pero me quedé frustrado otro rato. Este era el tercer libro de una saga de las aventuras de Keill Randor. Y fue una frustración muy grande no poder leer los otros libros. NO LOS ENCONTRABA EN LA BIBLIOTECA Y TAMPOCO LOS PODÍA COMPRAR, ¡¡¡AAAAARRRRGGG!!!

Pasado el otoño, el invierno y parte de la primavera, llegó la Feria del Libro de Madrid en el parque de El Retiro. Después de dar mucha lata conseguí convencer a mi padre para que me llevara y de paso ir al stand de la editorial Altea y “preguntar” si tenían el resto de los libros de la saga. ¡ALLÍ ESTABAN! Los dos anteriores libros y el cuarto también. Recién salido de la imprenta. Me debió de ver tan emocionado, que me compró los libros. Mi padre Flipaba.

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La saga completa de “Keill Randor”.

Durante mi niñez releía la saga de Keill Randor en sucesivas temporadas. Era aventura en estado puro, pero sobre todo era ciencia ficción. Los ingredientes narrativos de acción y suspense, estaban aderezados con naves interestelares, artilugios casi mágicos y sobre todo seres alienígenas. El lenguaje y la narración eran más o menos sencillos. Estaba escrito para niños y adolescentes más que para adultos. Nada que ver con lo que vendría después. La entrada en la ciencia ficción más seria. Pero esta se tomaría su tiempo.

 

El Tiempo que me llevó…

Dentro de la pandilla de mi barrio yo era un poco bicho raro. Entre otras cosas porque en cuanto tenía ocasión me despachaba a gusto con alguna que otra “disertación” sobre lo que leía. Aunque no me perdía ningún partido de fútbol, baloncesto o baseball-cutre, en los momentos que estábamos aburridos sin hacer nada más que pasar el tiempo, hablábamos para pasar el rato.

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Valérian y Laureline en plena acción como agentes espacio-temporales.

Hablábamos como todos los chavales de temas o cosas muy variopintas. Nos contábamos habladurías del barrio o del cole y noticias. Cuando hablábamos de pelis o series, nos llenábamos la boca de “abrumar” con nuestro conocimiento sobre el tema. Pero claro, aunque todos habíamos visto Star Wars o Star Trek la cosa no iba más allá de “…cómo mola esto!” o lo otro. Cualquier argumento o comentario que tuviera relación con los temas de libros que había leído eran tomadas con mucho escepticismo. Los demás me miraban raro. Y no sólo eso, sino que les chocaba mucho que hablara de cosas tan raras. Con este sambenito colgado, pasaban los meses y después los años. Y que queréis que os diga. Ya tomé la decisión de que estas cosas no las podía airear mucho a lo largo de mi vida.

Mi decepción con el libro del regalo llegó a las dos páginas leídas.
No me enteraba de nada.
Lo tuve que dejar.

Como en todas las pandillas, los cumpleaños eran días señalados en el calendario. Hacíamos una colecta para comprar el regalo de cumple para el cumpleañero. Hubo un año que por mi cumpleaños me regalaron un libro. Era un libro del “copón”. Me regalaron un libro de Arthur C. Clarke: “Regreso a Titán”. Me contaron que no sabían qué regalarme. Uno de ellos recordó que me gustaba la ciencia ficción. Y en la papelería-librería le recomendaron, muy mal recomendado, este libro. ¿Y por qué digo “mal recomendado”? Era mi décimo cumpleaños e íbamos para hombrecitos. Pero este chaval por recomendación del librero compró para regalarme un libro de ciencia ficción HARD y para adultos. ¡JA!, pero eso yo no lo sabía y ellos tampoco. El libro me moló mogollón como tal. O sea como objeto-libro. Yo encantado. Era de una colección de bolsillo con una cubierta acojonante que ya había visto en algunas librerías. Tenía textura metalizada y rugosa. Fue uno de los tantos libros que la editorial Ultramar editó. Tenían unas ilustraciones buenísimas.

Mi decepción con el libro del regalo llegó a las dos páginas leídas. No me enteraba de nada. Lo tuve que dejar. ¿Qué me pasaba? No me gustaba la ciencia ficción o sólo me gustaban las aventuras un poco imaginarias. Era demasiado joven para leer ciencia ficción HARD. Porque, amigo lector, ya con diez años me di cuenta de que había un mundo muy grande de escritores que escribían libros de “aventuras espaciales” para adultos. Y eso era para lo que yo iba. Para adulto. Así que coloqué el libro en la estantería bien visible. Para que no se me “escapara”, ya que le hincaría el diente un par de años más adelante. Seguí con lo que estaba haciendo hasta ese momento. Leyendo libros y cómics más adecuados para mi edad, pasándomelo bien leyendo historias entretenidas. ¡TAN FELIZ!

¡Upss! Esto ya va en serio…

Después de leer libros de Los Cinco, Los Tres Investigadores, libros de Barco de Vapor, Noguer, mucho cómic y por supuesto de releerme las aventuras de Keill Randor, llegó el momento de la verdad. Con mi pre-adolescencia casi acabando, decidí un verano leer ese libro que me regalaron mis amigos y que tuve que dejar apartado en la estantería.

“Regreso a Titán” resultó ser una novela muy buena. De tal forma que fue el primer libro de ciencia ficción HARD que leí en mi vida. La historia que cuenta es muy entretenida y me absorbió tanto su lectura que muchas veces todavía hoy hago referencia a ese libro para argumentar ciertas ideas que se me pasan por la cabeza. Aunque algunos temas no los entendí bien del todo cuando lo leí. me decía que daba igual. Ya lo haría en años venideros leyéndomelo otra vez cuando tuviera más conocimientos.

viajeros estelares y otros sistemas planetarios habitables creaban en mí el deseo de que me contaran más historias similares

Con cada año académico del instituto, “Regreso a Titán” resultaba ser diferente, pues yo también era diferente cada año. Entendía el texto del libro de forma diferente. De aquí me surgió la idea de que un mismo libro se transforma un poco, con cada nueva lectura. No sólo es volver a recrear las sensaciones originales, también se ahonda en la información que contiene el libro. De tal foma que por seguir la trama quedan apartadas en la primera lectura.

Con mi primer libro de ciencia ficción HARD superado. Empezó mi labor de investigación a la caza todo libro de ciencia ficción y leerlo en cuanto se me pusiera a tiro. En la biblioteca circulaban listas o recomendaciones de los usuarios. El problema era que había lista de espera para el préstamo y en muchos casos los libros terminaban destrozados. Los bibliotecarios anotaban en estas listas que estaban retirados para restauración o a la espera de nuevos ejemplares para satisfacer la demanda.

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No me digais que esta portada no era impresionante para un niño de 10 años.

Antes de la era internet y la computación accesible y cotidiana, la única forma de buscar libros en una biblioteca era usando el sistema de fichas. Las fichas, además de las referencias alfanuméricas útiles de clasificación de la biblioteca para encontrarlo o pedirlo, también contenía una sinopsis muy cutre que pocas veces ayudaba a tomar la decisión para pedir prestado el libro. Resolví que el mejor método para pedir los libros era hacerlo de forma sistemática. Fui recorriendo el archivador de fichas de ciencia ficción y me llevaba prestados los libros aunque no supiera de qué iban. Con las visitas a la biblioteca y alguna que otra compra o regalo, iban se sucediendo las lecturas desde mi niñez per-adolescente hasta la edad adulta.

Antes de la era internet y la computación accesible y cotidiana, la única forma de buscar libros en una biblioteca era usando el sistema de fichas

Estas lecturas me llevaron a lo largo de los años por los “clásicos” de ciencia ficción HARD como Isaac Asimov o Arthur C. Clarke, pero también empezaron a cautivarme otros autores como Philip K. Dick o Ursula K. LeGuin. Estos estaban encuadrados en la ciencia ficción llamada SOFT. Trataban sobre temas interesantes desde el punto de vista sociológico, político y metafísico. En cualquier caso aunque visto ahora con perspectiva me daba igual que los paradigmas que manejaban las tramas fueran una extrapolación evolutiva de la sociedad contemporánea al momento de la escritura o narraciones sobre realidades literarias en las que nada es lo que parece. Utopías, distopías, incluso ucronías y hasta en algunos casos elementos narrativos propios de la fantasía podían ser los ingredientes de una buena novela con la que pasar buenos ratos.

Realmente llegó un momento que la separación entre HARD y SOFT dejó de tener sentido para mí. Considero que me gusta la ciencia ficción porque me permite “conocer” un simulacro de paradigmas de la realidad diferentes al que vivimos. No como mera evasión, sino como un “posible” con todos sus condicionantes. Porque no deja de ser eso. Una extrapolación a futuro o pasado de la realidad teniendo en cuenta hechos paradigmáticos. Esos “algo” pueden ser un cambio origen de natural o hecho histórico o también un factor tecnológico que evolucione, revolucione o involucione la humanidad a un estado diferente a la realidad cotidiana. Sobre todo es muy ilustrativo leer libros que ya tienen unas cuantas décadas y entender que algunos conceptos quedaron obsoletos, por nuestra propia evolución tecnológica, social o política.

Cada mes una entrada o dos…

Si eres uno de los supervivientes lectores que ha llegado hasta esta línea, vas a recibir una sustanciosa noticia. En realidad el que escribe, lo hace por imperativo de un ser de un mundo paralelo. Estoy escaneando su mente en busca de información y de paso os preparo la vuestra. Intentaré que sea obediente, y aunque con mucho esfuerzo haré que vaya escribiendo y publique entradas en esta web. De esta forma podréis ir entendiendo de que va la cosa. ¡¿Ah?! ¿Qué no lo sabes? Pues préparate para ir leyendo lo que escriba, digo, transcriba cual médium paranormal. O cómo sea que lo llaméis. Ahora dejaré que siga escribiendo.

Ya veo que el extraterrestre éste se ha pronunciado. Hasta la próxima. 😉

2 Comentarios

  1. Yo no es que sea muy lector de Ciencia Ficción, pero veo que nunca es tarde para comenzar…encerrarte y meterte en otros mundos tiene que ser una gran experiencia.
    Alguna recomendación para empezar??

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